lunes, 14 de diciembre de 2009

Crónica de un día de ciber

Dicen que los que hablan frente a un computador están locos. Será que yo lo estoy, o mi compañero de cibercafé, a mi lado en una máquina vetusta y muy desactualizada, lo está? Bueno, esa pregunta me la hago siempre. Pero entonces yo estoy más loca porque no solo hablo frente al computador, sino que le hago cariñitos, le digo “mamita”, o “papito” según sea el caso, o de vez en cuando lo insulto.
El cibercafé. El sitio de encuentro para los más variopintos personajes. Yo, en primer lugar (Rockera, metalera, amante del rock sinfónico y la buena literatura), el carajito que va a jugar Counter Strike, mientras yo intento bajar la última producción de Epica. El señor que ya pasa los sesenta, pero que tiene, correo, Messenger y chatea con sabrá Dios quien… Otra loca que comenta en voz baja, para sí misma, lo que está leyendo, en sabrá Dios qué página (hasta cara de intelectual pone) Otro que intenta infructuosamente ingresar a la página del Seguro Social, otro que ídem con la página de Onidex. Otro carajito, más escandaloso que el anterior que grita ¡“me matasteeeeee”!, una chica post adolescente que pregunta y repregunta al encargado del cibercafé, como se hace esto o cómo se hace aquello (porque ella cree que el ratón muerde y va a salir corriendo en cualquier momento ¡seguro!). Como colofón, el señor mayor, para aliviarle el trabajo al encargado del ciber, se ofrece a explicarle a la joven cómo hacer para entenderse con Hotmail y no morir en el intento.
Ya bajó Epica, ahora voy con Sonata Arctica… Comento para mí el mensaje-cadena que me envió x amigo (¿cómo que no tiene nada más que hacer? me pregunto). El jodido teléfono me hace interferencia, a mí, al vecino que me mira de soslayo y deseando que apague el aparatejo celular y la de el frente que ni bola le para.
La chica por fin abrió su correo, para la universidad, supongo; (mientras la jodida “mula” deja de bajar TODOS los archivos, tres segundos y vuelve a arrancar) el señor sigue su chatting con sabrá Dios quien y cinco minutos después se retira (harto de los carajitos que siguen matándose virtualmente). Llega otro, tan jovencito como la universitaria post adolescente, pero que en un dos por tres abre cinco ventanas, baja archivos de Youtube (sin usar ningún programa alterno), revisa su Facebook, chatea, y además recibe y contesta mensajes en su celular.
Ya bajó Sonata Arctica. Dos horas para dos discos y yo feliz. Todo por 8 BsF y un “compartir virtualmente” con un montón de desconocidos que, por dos horas, se convierten en partners, compañeros, cómplices y hasta amigos, gracias a un computador y al inefable Internet.


Laura María Rincón
11-11-2009

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