Será que la palabra “croniquear” es válida? Aún si no lo es, el idioma español permite toda clase de gazapos, sobre todo en el habla marabina en la cual, cualquier verbo se convierte en sustantivo, cualquier sustantivo se convierte en adjetivo y cualquier pronombre puede ser convertido en verbo.
El marabino tiene sus ocurrencias, sobre todo cuando ocurre algo inusual en la ciudad como una elección de reinas de belleza que coincide (como todas las cosas locas de Maracaibo) con una protesta de los nada glamorosos barrenderos de la ciudad.
El único barrendero, famoso y glamoroso fue Cantinflas. En aquellos años en los que fue filmada la película mexicana se destacó la labor de los humildes barrenderos que ya en México no eran novedosos.
En Maracaibo, el barrendero fue bautizado como “Salserín”, por aquello de que trabajaban de sol a sol y como un juego de palabras que hacía alusión a la famosa canción del grupo juvenil de finales de los noventa “Salserín”.
Mucha agua ha corrido por nuestro Lago desde aquel día en que un grupo de hombres y mujeres salió por primera vez a barrer las bastante sucias calles marabinas, y desde entonces; la presencia diaria de estos personajes vestidos con franelas amarillas y flamantes escobas en la mano, se ha hecho cotidiana y parecen formar parte natural de las avenidas de la ciudad.
Como ya todos saben qué es un “salserín” en maracucho, entonces para nadie es tampoco un secreto lo que ocurre con ellos. Empleados públicos, mal pagados y mal tratados que salen a las calles no solo a barrer si no también a protestar.
La protesta ya estaba planificada. El “Magno evento de la belleza nacional” también y desde mucho antes. Pero los obreros fueron mucho más inteligentes, a pesar de lo que cree la gente. Sí, son inteligentes, no cabe ninguna duda.
Era un grupo de más de mil personas. Variopintos, de diversas edades, hombres y mujeres oliendo a sol y sudor, su Channel N° 5 maracucho.
Del otro lado, las jóvenes con su maquillaje impecable, delgadísimas, con sus cabellos “naturalmente enlacados” y destilando aromas de perfumes con nombres impronunciables… pare de contar toda la parafernalia.
No hizo falta hacer un cordón policial. Los mismos salserines se encargaron de hacerlo para que las candidatas a reina de belleza pudiesen entrar en el recinto donde iba a realizarse el evento. Una flor verbal para cada una, eso sí, en el más perfecto y puro lenguaje maracucho.
Luego de ellas, los “artistas” (pobres mortales que salen en televisión, que quede claro, son solamente eso). Abucheos para algunos, pitas para otros, insultos para algunos (al estilo maracucho, repito).
Los barrenderos maracuchos, pueblo puro y sublime, disfrutaron el desfile improvisado de artistas, pero sin moverse de sus lugares a pedir autógrafos y sin olvidar el por qué estaban en el lugar.
Estaban allí reclamando sus derechos y a su vez, demostrando que hay otro país, que huele a sudor, a sol, al salitre lacustre de esta ciudad marabina.
Laura María Rincón
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